domingo, 9 de diciembre de 2012

Fransis Perez Bravini-Venezuela- en IV ELILUC


 Celos y náuseas
“El pasado, ya pasó...
El futuro no ha llegado, aun.
Lo único real y tangible,
es el presente, y eso
es lo único que es realmente tuyo.
Entonces llegó el día: mi chofer favorito no asistió, por lo que le pedí un
aventón a quien llamo “El prospecto”. “¿Me llevarías a mi casa?”, obviamente, dijo
que sí. Y cuando me iba a subir al copiloto, me mando para atrás. “Ok” dije, pero
quedé como pajarito en grama.
Hurgué mi móvil un ratito para no demostrar la ansiedad que me generaba
que el hombre me hubiera mandado al asiento de pasajeros – qué va, ya se me
notaba. Y entonces, aparecieron dos muchachas: una, la morenita, se sentó a mi
lado, y la otra, blanquita, se subió al asiento del copiloto.
No puede ser, pana...”, la joven le zampó un beso con lenguas en toda mi
cara. Cuando vi eso, algo dentro de mí se rompió.
El dolor fue tan grande que me dejó muda, pero no pudo arrancarme la
sonrisa de la boca porque ya sabía qué era lo que se había quebrado: mi ilusión,
que hecha añicos en el piso de mi mente, hizo todo más fácil para mí... nada como
un choque de realidad.
Para más descaro, “El prospecto” se volteó y me dijo: “Fransis, te presento a
“Whatever”... she is my fianceé”.
Tu prometida a mis cojones, pensé, pero dije: “Un placer conocerte, cariño”.
También estreche la mano de la otra muchacha y partimos. Pensé que me llevaría
primero, pero él decidió que llevaría a su “fianceé” y a su mascota, antes.
Me esforcé por mantener una fachada tranquila, pero pronto el vaivén del
automóvil comenzó a hacer de sus efectos en mi estómago, o tal vez era asco lo
que sentía al ver cómo esta muchacha ocupaba mi lugar al lado de él. Mierda,
pensé, lo que falta es que me den ganas de vomitar.
Fuimos a parar al extremo Este de la ciudad, yo bien descompuesta, por
cierto. Dejamos a la joven, y al despedirnos me esforcé para darle una sonrisota y
embromarla, por lo lejos que vivía. Me pasé al asiento del copiloto y cerré los ojos,
más para no mirarlo, que por el malestar; me preguntó si estaba bien y yo le
respondí que estaba mareada. El me ayudó a reclinar mi asiento - su contacto físico
apretó el nudo que tenía en el estómago - y me preguntó: “¿Así está mejor?”. Le
respondí con un asentimiento y un “umjú” bajito.
No recuerdo mucho lo que conversamos durante el trayecto de regreso.
Varias veces sentí su mano acariciar mi cara, incluso me tomó la mano y la besó -
creo que se disculpó conmigo; pero yo no me atreví a mirarlo, ni siquiera cuando
me despedí de él, por cierto, con un besazo en la boca. Alcancé a decirle “Eres un
perro”. Él, por supuesto, se rió.
De ahí en adelante, todo fue como un sueño: hable con mi amigo gay y la
señora Ney... les conté cómo me sentía, pero nada parecía calmar mi ansiedad e
indignación. Fuí a casa, me metí medio calmante entre pecho y espalda, me relajé
y me dormí.
Al día siguiente mi estado de ánimo estaba como ido... o sea, no tenía
estado de ánimo. Indiferente. Así que aproveche esto para analizarlo todo y tomé la
siguiente determinación: Ya tú sabías que esto podía pasar, así que no le des
importancia; y eso fue precisamente lo que hice.
Entendiendo que todas las cosas que me pasan me duelen tanto por estar
pensando en “pajarito preñado”, ¿por qué razón sigo haciéndolo?. Leí en mi
horóscopo una vez que uno de los grandes defectos de los cancerianos es la
“idealización” del amor. Y vaya que tienen razón... Supongo que, realmente, no
puedo evitarlo, que es mi naturaleza.
Entonces sumaremos a la lista de aprendizajes: La ilusión es un cristal que
se rompe sólamente cuando la vida le lanza una piedra llamada realidad. Por esa
razón, es mejor no hacer proyecciones en el futuro con alguien más (recordemos
que “el futuro no existe, aun”), precisamente porque ese alguien más tiene su
propio presente y, por ende, su propio futuro.
Fransis Pérez Bravini
Cs, 27 de Septiembre de 2012

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