domingo, 9 de diciembre de 2012

Ariel Aboal-Cuba- en IV ELILUC



La Casa del paraje    

 La casa parecía abandonada, en aquel paraje distante, la hierba crecida, en el portal un columpio de medio lado, una silla de tres patas y medias, un sonajero que ni el viento hacía sonar. En la puerta el número 1325 con el 5 de cabezas algunas veces cerrada otras entreabierta no dejaban ver nada en su interior, solo a través de la ventana rota se notaba algún que otro movimiento esporádicamente. Las únicas señales de vida eran aquel movimiento y un camino que indicaba el paso desde la verja hasta unas tablas que servían de escaleras.
     De lunes a viernes casi a las cinco, yo esperaba el autobús justo en aquella verja, un cartel pegado a un poste de tendido eléctrico decía que allí paraba. Pero aquella tarde llovía, no había otro refugio que aquel portal y tuve que buscar amparo en el. Corrí abriendo paso por aquel sendero, no hizo falta saltar la verja, para mala o Buena suerte estaba abierta, a mitad de camino un cordel se enredo en mi pierna derecha e hizo sonar un montón de latas que tenía amarradas, del portal salieron dos gatos corriendo en sentido contrario al mío, me alegré de qué no fueran perros recuperando el equilibrio y en unos segundos me encontraba bajo techo. El autobús pasaba a las seis, tenía una hora para aburrirme puesto que no había mas nada que hacer.
     La lluvía cada vez mas fuerte cancaneaba sobre el techo como piedras y no como gotas de agua,de vez en cuando el viento con sus ráfagas me rociaba furioso.Sin darme cuenta dieron las seis, la tarde se despedía y la noche abría sus puertas, el frío y la humedad comenzaron a sentirse y por que no reconocer un poco de temor. Seis y media y todo igual, ni rastros del autobús, el almuerzo hacia rato que era pasado. Hasta mi llego un aroma de café, pensé que era producto de la imaginación pero no, provenía del interior de la casa y salía por la ventana rota, de pronto el cerrojo se abrio dejando la puerta arrimada y el ruido que produjo, acompañado del chirrido de bisagras me hizo brincar hasta la hierba. El Corazón estremeció mi pecho y mis piernas no me sostenian.Tembloroso regresé al portal, me acerqué a la puerta tratando de mirar adentro, una trémula y suave luz dejaba ver a medias lo que había, entonces escuché una encantadora voz de mujer que dijo:- no temas, pasa. Empujé despacio la puerta para evitar algún crujido y zás…uno de los gatos entró despavorido hasta perderse en la oscuridad y yo quedé pegado al suelo.
     Una vez adentro, en el centro de la sala sobre una mesita había una vela y hasta donde llegaba su luz era lo único que veía. el olor a café recién colado hacía mas fuerte aquel sonido en mi estomago, cuando la misma voz encantadora que dicho sea de paso esta vez me sonó un poco espeluznante, me dijo:- sirvete mientras tomo una ducha, después espérame en la habitación. Dichas estas palabras, la puerta se cerró de golpe y unos pasos se alejaban. llegué a la conclusión que para moverme tenía que sacar fuerzas de no sé donde y agarrar la vela, fuí alumbrando a medida que avanzaba hasta llegar a la cocina, a mis espaldas se escuchaba el agua caer en la bañera y en ese ínstante me dí cuenta que el hambre se había esfumado, que debia correr hacia la puerta y escapar, pero unos ojos fosforescentes al pie de esta me hicieron cambiar de idea, retomé la dirección opuesta hacia donde pensé que estaba la habitación guiandome por el sonido de la ducha, las tablas del piso crujian a cada paso y entré por un corredor que mas bien parecía una nevera por el frío que expulsaba,  algunas telarañas se pegaron a mi cara hasta que al fin encontré la puerta de la habitación, la abrí en el exacto momento que el agua de la bañera dejaba de caer y la voz inexplicable me decia que una vez arriba de la cama mal tendida me acostara tranquilo y apagara la vela. Hecho todo lo anterior aguzé el sentido del oido porque la vista era imposible adaptarla a aquella oscuridad, unos pasos se acercaban desde la distancia y un miedo estremecedor comenzo a apoderarse de cada fibra de mi ser, no podia moverme, la garganta no emitia el mas leve gemido, tragar era imposible pues no tenia saliba, los dientes parecian castañuelas, aquellos pasos cada vez mas cerca por el lateral izquierdo y los ojos fosforescentes volvieron a encenderse fijos por el lado opuesto. Los muelles del colchon chirriaron y sentí como se hundía la cama,un olor nauseabundo se acercaba cada vez más, los ojos ahora estaban a mis pies sin embargo una gélida mano rozó mi hombro. salté involuntariamente y corrí a tientas para donde estaba la puerta y un golpe seco en la nuca es lo último que recuerdo.
     Cuando volví en mi estaba sobre la cama pero habia luz, mire a mi alrededor y me dí cuenta que no era aquella casa sino un hospital. Una enfermera se aproximo y me dijo que unos jóvenes que estaban de juerga me habian encontrado tirado en el piso dentro de una casa abandonada y llamaron a emergencias, después de unos exámenes de rutina los médicos dictaminaron que el golpe no habia dejado daños severos y ya estaba camino a casa pasado el medio dia. Al llegar comí desaforadamente y me preparé un exquisíto café. En las noticias vi que producto del tiempo habian desviado el tráfico por las vias principales, traté de recordar algo de aquella noche pero mi mente no quiso hacerlo, tomé una ducha y una vez en mi cama dispuesto a leer algún libro la puerta del cuarto se cerró con un estruendo y detrás de ella una voz peculiar me dijo:- no te olvides de apagar la luz.

Ariel Aboal
Cuba



Nací en la Ciudad de la Habana,Cuba en 1970. Desde pequeño me interesé por la literatura y cursé todos mis estudios en la misma ciudad que me vio nacer. A mis 17 años escribí mi primer poema inspirado en el amor y la belleza femenina,desde ese entonces he dedicado parcialmente mi vida a escribir poesías,y todas ellas son parte de mis vivencias. llegue a los Estados Unidos en 1995 y transcurridas trece primaveras,logré uno de mis sueños con la publicación de mi primer libro titulado "Tristeza y Amor".Dedicado a todas las personas que han vivido y viven estos dos grandes sentimientos.

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