domingo, 11 de diciembre de 2011

De Yenilen Mola-Cuba


De Yenilen Mola-Cuba

Un poeta no muere.

Detenida la sangre

aún late su pulso

al compás de la rima.

Transmuta sus memorias

en los que le conocieron,

eleva su espíritu al panteón

de las musas que lo habitan,

desviste el hueso de su carne

pero no del verbo…

Y entonces por siempre

desciende el perfume de una estrella

sobre su nariz de cazador,

el verde toca sus dedos

en cada hoja que nace,

y sueña que la muerte

es la mejor manera de vivir,

desde su luz,

desde la selva de las eternidades,

recostado a los surcos

que drenaron sus ojos de romántico.

Hay que ser poeta

para sentirse un Dios

que camina sobre el humo,

y ser perpetuo en su oración:

Creo en la poesía, como creo en mí mismo.

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